viernes, 28 de noviembre de 2014

Cerca. No, muy lejos.

Te busqué de nuevo en ese pasillo donde nos conocimos. Pensé que, si te volvía a ver, nos encontraríamos ahí. Claro que estabas ahí, pero estabas con ella. Es bonita, su sonrisa deslumbra, se viste como te gusta. Te veía a los ojos con un brillo excepcional. Parece que no ha mirado a nadie más que a ti en su vida. Dicen que ella no se ha enamorado de nadie más que de ti. Te rodeaba con los brazos para no dejarte escapar, y para decirte que estabas a salvo si te quedabas a su lado. Te besaba tan dulcemente que no pude enojarme con ella. Encontraste todo lo que buscabas que yo nunca fui.

También te busqué en aquel bar donde fuimos juntos por primera vez. Y también la llevaste a ella. Se llevaba muy bien con tus amigos. Los hacía reír y tú la mirabas con esos bellos ojos que reflejaban el infinito que tanto anhelabas. Se tomaban sus manos como si fueran los hilos de un tapete: se pertenecían, se entretejían sus sueños como se unían sus dedos. Sé que recordaste cómo entrelazábamos las piernas porque ella se sorprendió cuando buscabas la suya para sentir el calor de su cuerpo. Seguramente también caminaste con ella por esas cales aledañas a ese bar durante la madrugada, bajo ese frío que no se sentía porque estaban juntos.

Se me ocurrió buscarte en esa parte de la ciudad que frecuentábamos por la distancia en que vivíamos. El Centro está lleno de nuestras pisadas, de nuestros besos, de los recorridos nocturnos de nuestras manos y de los destellos de alcohol que solía desprenderse de nosotros. Ahora están llenos de ti y de ella, o eso imagino para no caer en la peor de las tristezas y soledades que me rodean el día de hoy. Trato de olvidar que nosostros solíamos ser bajo el brillo de la Luna, bailando al compás de la música en los bares que cantan de noche, abrazando las promesas que nos hicimos mientras escuchábamos boleros.

Quise buscarte en tu casa, pero al ver la luz de tu cuarto encendida y a dos sombras bailar al compás de una canción corpórea que inventamos tú y yo, decidí quedarme a ver como se iba ella en la mañana. Seguramente a tu familia le caía bien. Ellos no dejaban que cualquiera se quedara en su casa, Probablemente tu hermana es la única que la ve feo porque me ha contado que no le cae nada bien, que ella no es como yo. No es así con tus padre, ¿verdad? Ellos le cocinan, la llevan con ustedes al cine, a comer, con la familia en Navidad. Espero que juegue con tus primos como nos gustaba jugar con ellos, que los lleve al cine como nosotros íbamos. Que llene esa diversión que solíamos conjurar juntos.

Fui a buscarte a la plaza en donde nos perdimos tantas veces y donde la gente hablaba de nosotros. Ella te compraba cosas, tú le dabas besos y yo me quedé con las manos vacías. Compraron los peluches de esos personajes que tanto nos gustaban. Le decías como me decías. Le dabas un collar igual al que yo me pongo todos los días. Aún después de que me fui, sigo usándolo. Lo tengo ajustado a mi cuello para recordarme que, a pesar de la promesa de que regresarías, nunca vas a volver.

Por último, quise encontrarte en mi cama. Pensé que me estarías esperando como tantas y tantas veces nos encontramos aquí, pero no estabas. Sentí frío, me sentí fría. La soledad me dio en uno de esos ataques que siempre atormentaron nuestras mentes cuando estábamos juntos. Sé que te acuerdas. Sé que sigues pensando en mi. Sé que por eso haces que ella llene los recuerdos en los que estoy yo.


Y yo, traté de jugar como tú lo haces con ella, sólo que pude darme cuenta de que no puedo dejarte ir. Boté al futuro como me botaste.

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