domingo, 7 de diciembre de 2014

Un beso...

Tú me miraste
Y después de un tiempo
Yo te encontré.

Tú caminaste hacia mi
Y cuando no lo esperabas
Yo estaba ya frente a ti.

Tú pretendías hablarme
Y aunque buscabas el momento
Yo escribía sobre ti.

Tú me invitabas a salir
Y para no dañarte con mi presente
Yo me alejé de ti.

Tú no hacías nada
Y con el caos en mi relación
Yo pude contigo empezar a vivir.

Te acercas, te miro, tomas mi mano, despacito acerco mi cuerpo al tuyo, más lento recorres mi cuerpo con tus manos, respiramos un poco alocados.

Deseosos, apresurados, tímidos, alertas, juguetones.

Mientras sueño con tus impulsos desbordados, nuestros labios se acercan, susurran, cantan, ríen, gritan, esperan, se buscan, se esconden...

Los ojos se ocultan, los párpados caen para cerrar la luz y la sombra donde nuestras bocas se juntan se torna color rosado. Se borra mi lápiz labial. Se borra el anhelo de juntarnos un poco.


Nacemos. A través de un beso, nacemos.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Cerca. No, muy lejos.

Te busqué de nuevo en ese pasillo donde nos conocimos. Pensé que, si te volvía a ver, nos encontraríamos ahí. Claro que estabas ahí, pero estabas con ella. Es bonita, su sonrisa deslumbra, se viste como te gusta. Te veía a los ojos con un brillo excepcional. Parece que no ha mirado a nadie más que a ti en su vida. Dicen que ella no se ha enamorado de nadie más que de ti. Te rodeaba con los brazos para no dejarte escapar, y para decirte que estabas a salvo si te quedabas a su lado. Te besaba tan dulcemente que no pude enojarme con ella. Encontraste todo lo que buscabas que yo nunca fui.

También te busqué en aquel bar donde fuimos juntos por primera vez. Y también la llevaste a ella. Se llevaba muy bien con tus amigos. Los hacía reír y tú la mirabas con esos bellos ojos que reflejaban el infinito que tanto anhelabas. Se tomaban sus manos como si fueran los hilos de un tapete: se pertenecían, se entretejían sus sueños como se unían sus dedos. Sé que recordaste cómo entrelazábamos las piernas porque ella se sorprendió cuando buscabas la suya para sentir el calor de su cuerpo. Seguramente también caminaste con ella por esas cales aledañas a ese bar durante la madrugada, bajo ese frío que no se sentía porque estaban juntos.

Se me ocurrió buscarte en esa parte de la ciudad que frecuentábamos por la distancia en que vivíamos. El Centro está lleno de nuestras pisadas, de nuestros besos, de los recorridos nocturnos de nuestras manos y de los destellos de alcohol que solía desprenderse de nosotros. Ahora están llenos de ti y de ella, o eso imagino para no caer en la peor de las tristezas y soledades que me rodean el día de hoy. Trato de olvidar que nosostros solíamos ser bajo el brillo de la Luna, bailando al compás de la música en los bares que cantan de noche, abrazando las promesas que nos hicimos mientras escuchábamos boleros.

Quise buscarte en tu casa, pero al ver la luz de tu cuarto encendida y a dos sombras bailar al compás de una canción corpórea que inventamos tú y yo, decidí quedarme a ver como se iba ella en la mañana. Seguramente a tu familia le caía bien. Ellos no dejaban que cualquiera se quedara en su casa, Probablemente tu hermana es la única que la ve feo porque me ha contado que no le cae nada bien, que ella no es como yo. No es así con tus padre, ¿verdad? Ellos le cocinan, la llevan con ustedes al cine, a comer, con la familia en Navidad. Espero que juegue con tus primos como nos gustaba jugar con ellos, que los lleve al cine como nosotros íbamos. Que llene esa diversión que solíamos conjurar juntos.

Fui a buscarte a la plaza en donde nos perdimos tantas veces y donde la gente hablaba de nosotros. Ella te compraba cosas, tú le dabas besos y yo me quedé con las manos vacías. Compraron los peluches de esos personajes que tanto nos gustaban. Le decías como me decías. Le dabas un collar igual al que yo me pongo todos los días. Aún después de que me fui, sigo usándolo. Lo tengo ajustado a mi cuello para recordarme que, a pesar de la promesa de que regresarías, nunca vas a volver.

Por último, quise encontrarte en mi cama. Pensé que me estarías esperando como tantas y tantas veces nos encontramos aquí, pero no estabas. Sentí frío, me sentí fría. La soledad me dio en uno de esos ataques que siempre atormentaron nuestras mentes cuando estábamos juntos. Sé que te acuerdas. Sé que sigues pensando en mi. Sé que por eso haces que ella llene los recuerdos en los que estoy yo.


Y yo, traté de jugar como tú lo haces con ella, sólo que pude darme cuenta de que no puedo dejarte ir. Boté al futuro como me botaste.

domingo, 13 de abril de 2014

Baño de Luna

Es de noche y sólo veo tu contorno en la oscuridad.
De las más grandes fantasías, el tenerte recostado en mi cama está en la cima de locuras que mi mente y cuerpo quieren.
Tocas mi espalda y suavizo tus dedos con mi piel. Mi parte del juego comienza en traerte hacia mi cara. Tus dedos recorren desde mi estómago ese camino inverso que te lleva al placer de mi labios. No vas hacia mi sexo, mis pechos no te interesan, sólo recorres las maravillas que te ofrece mi boca.
-Tu dulce boca.
Así creo que le llamas.
Y así es como sigues jugando a que caiga en tu irresistible encanto: primero, tomas mi cara con tu mano. Es fuerte, decidida, y no quiere dejarme ir de tu trampa. Después, como si me vieras profundamente con esos ojos dulzones que me encantan, me dejo llevar suavemente hacia las redes que tienen tus labios. He perdido. Me rindo frente a mi gusto desconocido por tu boca. Me quedo vencida por toda la magia que tus manos provocaron con el sólo roce. Por último, sellas el hechizo con la copulación de nuestros labios que dieron vida a la maravillosa experiencia de probarte. Probar tu boca. ¡Sólo los dioses saben cuánto deseaba probar tu boca!

Extasiada de lo hermoso que es saberte y conocer tus secretos de seductor de las féminas que se dedican a galantearte, sólo puedo regalarte una mirada en las penumbras. La silueta de tu esbelta figura es lo que recuerdo después de tan infinito momento.