Es de noche y sólo veo tu contorno en
la oscuridad.
De las más grandes fantasías, el
tenerte recostado en mi cama está en la cima de locuras que mi mente
y cuerpo quieren.
Tocas mi espalda y suavizo tus dedos
con mi piel. Mi parte del juego comienza en traerte hacia mi cara.
Tus dedos recorren desde mi estómago ese camino inverso que te lleva
al placer de mi labios. No vas hacia mi sexo, mis pechos no te
interesan, sólo recorres las maravillas que te ofrece mi boca.
-Tu dulce boca.
Así creo que le llamas.
Y así es como sigues jugando a que
caiga en tu irresistible encanto: primero, tomas mi cara con tu mano.
Es fuerte, decidida, y no quiere dejarme ir de tu trampa. Después,
como si me vieras profundamente con esos ojos dulzones que me
encantan, me dejo llevar suavemente hacia las redes que tienen tus
labios. He perdido. Me rindo frente a mi gusto desconocido por tu
boca. Me quedo vencida por toda la magia que tus manos provocaron con
el sólo roce. Por último, sellas el hechizo con la copulación de
nuestros labios que dieron vida a la maravillosa experiencia de
probarte. Probar tu boca. ¡Sólo los dioses saben cuánto deseaba
probar tu boca!
Extasiada de lo hermoso que es saberte
y conocer tus secretos de seductor de las féminas que se dedican a
galantearte, sólo puedo regalarte una mirada en las penumbras. La
silueta de tu esbelta figura es lo que recuerdo después de tan
infinito momento.