martes, 10 de enero de 2012

Esto pasò en el metro de la Ciudad de México...

Yo no recuerdo algún evento de mayor interés que éste.
Salí de casa (con los 20 minutos de retraso como siempre) y caminé muy rápido hacia la parada del camión. Después de 10 minutos de espera, subí a la combi y me dirigí a la estación de siempre: Nativitas. Yo no me había percatado de la presencia del grupo de chicos que se reunían en la banca dentro del metro hasta ese día. Me bajé de la combi y corrí para alcanzar al metro que iba arribando a la estación. No lo alcancé. La señorita que se dedicaba a ponerle el dinero de recarga a la tarjeta se tardó demasiado ya que me dio mi cambio en moneditas de $1. Caminé hacia los torniquetes, subí las escaleras, cruzé el pequeño puente y bajé al andén. Vi de nuevo al grupo de chicos y chicas y me atrajo uno de ellos. Como venía el metro, sólo lo vi de reojo por última vez y esperé a que se detuviera el tren. Mi sorpresa fue grande cuando se cerraron las puertas y el chico que yo había visto también entró al mismo vagón. Recuerdo que comenzó a recitar un poema de Jaime  Sabines: "Si tienes ganas de morirte..." y terminó su breve estancia de cuatro estaciones con otro poema que no recuerdo. Cuando terminó, aplaudí. Lo hice por el motivo obvio y porque, en el momento en que mis poemas alcancen esa perfección que yo busco, me veré en la posición de aquel sujeto. Pasó por el pasillo pidiendo unas monedas por los poemas recitados y, cuando llegó junto a mi, me di cuenta que estábamos en Viaducto. Le sonreí, me sonrió, me preguntó mi nombre, me dijo "linda" y se bajó. Cuando el tren retomó el movimiento, un beso brotó de sus labios y voló para pegarse en el pedazo de ventana que ocupaba mi rostro.